En medio de esta abrumadora pandemia , ¿Qué podemos hacer para movernos del mundo de la duda, el miedo y la angustia a un mundo totalmente opuesto de plenitud, alegría y gratitud?
A mis hijos solía contarles una historia relacionada con un capitán de barcos que tenía una sueño, el de ser el capitán del barco más grande de todo el mundo.
Un día se le presentó la oportunidad de sus sueños, fue citado a una entrevista para decidir si él podía ser el capitán del barco más grande de la época.
El resumen de la historia es que el pobre hombre pasó miles de dificultades para llegar a dicha entrevista, se le averió el reloj despertador, su auto se quedó sin batería, hubo alto tráfico en la calle por un accidente, etc. ocurrieron un montón de eventos terribles e inesperados que hicieron que finalmente no lograra llegar a tiempo y perdiera su gran oportunidad!. El hombre quedó devastado, pasó por todas las emociones posibles, desde la angustia, luego la rabia, la tristeza y la frustración.
Al volver a casa su esposa le preguntó acerca de la entrevista, a lo que él respondió muy deprimido que había sido un día maldito porque no había logrado llegar a tiempo a la entrevista. Ella al verlo tan apesumbrado le dijo que se olvidara de ese barco pues ya vendrían otros más grandes que ese, pero él sin poder salir de la tristeza respondió que como el Titanic no habrán otros barcos!. Fin de la historia.
En muchas ocasiones (por no decir en la mayoría de ellas) no somos capaces de comprender la causa de todos los eventos que ocurren en nuestra vida, sobre todo si estos eventos son desagradables o desafortunados. Pensamos que somos presa de la mala suerte, del caos o simplemente creemos que no somos merecedores de la plenitud o la felicidad.
Sin embargo si viéramos el cuadro completo nos daríamos cuenta que todo el Universo juega siempre a nuestro favor. Si ese hombre hubiera sido capaz de entender que cada uno de los eventos que le ocurrieron tenían como único objetivo salvarlo de hundirse con el Titanic, entonces seguro que es día lo habría calificado de un día bendito y no de un día maldito.
Las diferentes tradiciones lo han enseñado a través de sus legados, que en común predican una de las palabras más cortas pero profundas de nuestro vocabulario, la fe. Fe no es creer en una Divinidad dejándole la decisión de nuestra felicidad o nuestro sufrimiento. La Fe verdadera es la certeza absoluta de que hay una fuerza superior con el atributo único de proveer plenitud ilimitada, de esta forma el miedo y la angustia se disipan y surge la gratitud y la paz, ingredientes que nos permiten ver la verdadera razón de nuestros desafíos y dificultades (individuales y colectivos), que es lograr un cambio a una conciencia de amor incondicional hacia la naturaleza y hacia todos los que habitamos este planeta.
Porque todos somos Uno.
