Siguiendo con esta mini saga de los 5 sentidos para la inmunización contra el coronavirus, quiero hoy hacer una reflexión acerca del sentido que es capaz de contener, al mismo tiempo, a todos los demás sentidos, la vista. ¿Cómo contenerlos a todos?
Un ejemplo, al ver el mar ¿acaso no somos capaces de trasportar nuestra imaginación y llegar a sentir el aroma a una playa, sentir el ruido del mar y percibir la sensación de nuestros pies mojados caminando por la orilla?, sí, sólo mirando el mar. Por eso se dice que la vista contiene a todo el resto de los sentidos.
“Ojo” está representado por la letra hebrea Ayin (ע), que significa justamente “ojo”, y su morfología nos enseña del porque el ojo contiene a otros sentidos. Las dos puntas superiores son los ojos, la unión del centro representa la nariz y la punta de abajo la boca, todo en una conexión indivisible.
Por otro lado, los ojos son las ventanas que limitan nuestra realidad interior (alma) y la realidad exterior (representación física del mundo). Por lo anterior, los antiguos kabbalistas siempre dejaron expresado en sus textos que debemos cuidar lo que vemos, porque todo lo que vemos es tocado por nuestra alma y por lo tanto es el lugar preferido por donde nuestro “sparring”, el ego, le gusta atacar, sólo basta recordar uno de los dichos preferidos del ego, “ver para creer”.
Nuestro ego constantemente nos quiere convencer de que lo que vemos es lo único que existe, que hay caos, que solo hay injusticias, que todo es explicado por la ciencia y no hay ninguna realidad superior que no pueda ser más que percibida por nuestros sentidos y en particular por el sentido de la vista.
En los últimos 50 años, la vista ha sido el sentido más inundado y saturado con imágenes de las que hubiera sido imposible acceder en el pasado. Hoy vivimos en un mundo tan globalizado y tan abierto, que tenemos acceso a todo tipo de imágenes de forma instantánea, en tiempo real y muchas veces sin limitaciones éticas ni morales.
Si le damos una “mirada” espiritual a nuestros ojos, podemos ver que están siempre compuestos de 4 tipos de colores, blanco (la esclerótica), rojo (los bazos sanguíneos), la parte multicolor (el iris) y el negro (la pupila). El blanco representa misericordia (polaridad positiva – JESED), el rojo representa rigor (polaridad negativa – GEVURA) y la parte multicolor representa belleza (centro – TIFERET).
JESED, GEVURA y TIFERET viven en los mundos superiores del árbol de la vida y estas 3 estructuras elevadas buscan proteger a la pupila del mundo exterior.
¿y el negro?
El color negro representa nuestro mundo, donde no hay luz (MALJUT). De hecho, la pupila es negra porque su función específica es absorber la “luz” que viene desde el exterior para así enviar a nuestro cerebro la mejor imagen del exterior y poder focalizaros correctamente.
Pero, ¿Focalizarnos en qué?
Los sabios nos enseñan que nuestro único trabajo en este mundo es buscar a Dios con todas nuestras fuerzas, debemos focalizarnos en El para absorber la mayor cantidad de luz desde lo mundos superiores, tal como dice el rey David en su salmo: “Los ojos de todos esperan en Ti, pues Tú dispensas el sustento a cada uno en su debido momento…”
Focalizarnos en Dios significa ver con nuestro interior, tal como hacemos con nuestros ojos físicos donde, para focalizar lo que hacemos es entre cerrar los ojos, así también para ver con el interior debemos cerrar nuestros ojos físicos para dejar ver al ojo interior y focalizarnos en El.
¿y el coronavirus aquí dónde está?
Hasta ahora hay acuerdo científico en que el contagio de COVID por los ojos no se produce por las partículas que flotan en el aire. La forma de contagio por los ojos se da mayoritariamente si las manos (contagiadas) cubren los ojos.
Ese pequeño momento en que nuestra mano contagiada cubre al ojo, impidiendo que ingrese la luz, es suficiente para hacer que nos enfermemos. Espiritualmente esto significa que debemos cuidar lo que vemos y purificar lo que nuestro ojo toca.
Es curioso pero la gematría de ojo (ayin) es 70. Y la recomendación científica es purificar nuestras manos con alcohol diluido al 70% (No al 80 ni al 90, tiene que ser al 70%).
Conclusión:
Nuestro sistema espiritual inmunológico contra el COVID tiene que ver con el buen ojo, cómo dicen los Kabbalistas, ver con humildad, es decir, de la Luz que entra a nuestra pupila extraer la verdad sin los filtros del ego.
Ver que el sufrimiento es el efecto de una causa y no de la inexistencia de Dios, ver la belleza de una flor, ver la luz detrás de la oscuridad.
Tengamos un ojo bueno (Ayin tov) y nuestro sistema inmune espiritual será el mejor alcohol al 70% que existe.
