Estamos tan acostumbrados a ver, oír, saborear, tocar y oler, que posiblemente en muy pocas oportunidades de nuestra vida nos hemos detenido a analizar las profundas conexiones espirituales existentes en cada uno de nuestros sentidos.
El Zohar (Libro místico que descodifica la Torá) compara 4 de los sentidos con las 7 luces de la Menorá (Candelabro) que se enciende como la luz del mundo.
Lo sé…. Suena raro comparar 4 sentidos con 7 luces…explico…
Las 7 luces estarían en representación de los 7 orificios que tenemos en la cabeza, que son: dos ojos, dos oídos, dos orificios en la nariz y la boca.
Esto nos enseña que la luz irradiada desde nuestra Menorá corporal es santificada sólo a través de la purificación de estos sentidos.
¿y cómo se supone que hago eso?
– Ojos: Teniendo buen ojo, mirando con bondad y evitando ver el mal y la tentación.
– Oídos: Escuchando al sabio y evitando oír calumnias
– Boca: Hablando con verdad, evitando la mentira y jamás difamar o calumniar
– Olfato: Buscando el temor al cielo (cómo dice Isaías: “él respirará con el temor a Dios”)
¿Notaron algo?… Al parecer hay 1 sentido que no se purifica con algo que hago (mirar, oír o decir), sino que se purifica con un estado de conciencia fuera de este plano físico, que es el temor a Dios.
Es en el olfato, en el que me quiero detener en esta reflexión.
Cuentan los sabios que en el momento, de lo que la mayoría de las personas conoces como “el pecado original”, cuando Eva iba a comer del fruto prohibido, fueron 4 de los 5 sentidos que participaron de esa transgresión. Los ojos miraron la manzana, Los oídos escucharon a la serpiente, las manos tomaron/palparon la manzana y finalmente la boca degustó el sabor de la manzana. ¿Pero el olfato no participó?, pues no, intenta oler una manzana a dos centímetros de distancia y te aseguró que no sentirás olor a manzana.
Lo anterior nos enseña que el sentido del olfato siempre se mantuvo puro y es por eso que tampoco es posible santificarlo con algo físico de este mundo, ya es puro y sólo se puede rectificar en los mundos superiores con el temor a Dios y no en este mundo.
Pero… ¿A dónde quiero llegar mostrando este mérito que tiene el sentido del olfato a nivel espiritual?… lo intuyes?
¿Cuál ha sido uno de los síntomas más decidores que se presentan ante alguien que contrae COVID?… exacto… la falta de olfato!
El COVID en muchos casos nos hace perder este sentido, ¿coincidencia? Para la kabbalah nada es coincidencia.
Se podrían escribir muchas páginas respecto a la función espiritual que cumple la nariz en nuestro cuerpo, entre ellas la de filtrar el aire que respiramos dejando que entre la luz contenida en él. Pero como de nuevo ya me extendí demasiado en esta reflexión, sólo voy a mencionar 3 aspectos de la nariz que creo que como humanidad es clave que entendamos en relación al Coronavirus.
Najman de Breslov, un antiguo Kabbalista del Siglo XVIII, comparó la plegaria con la nariz. Esto lo concluye a partir del Libro de Isaías 48:9 que dice: “Por Mi nombre refrenaré mi ira y por Mi alabanza refrenaré el furor contra ti, para no exterminarte.”. La palabra alabanza en hebreo se dice EJTOM que comparte la misma raíz de la palabra JOTEM que significa nariz. Sabemos que cuando dos palabras comparten la misma raíz, entonces podemos reemplazar una con la otra quedando la frase anterior de la siguiente manera: “Por Mi nombre refrenaré mi ira y por Mi nariz refrenaré el furor contra ti, para no exterminarte.”. Entonces; “aquel que se aboca a una plegaria sincera puede estar seguro que merecerá compartir el aliento de vida (extracto del libro “Anatomía del Alma”).
El segundo aspecto es la ira. La mayoría de los lugares donde aparece la nariz en la Torá es para referirse a la ira de Dios. Cuando la ira de Dios se enciende se usa “Jará Apo”, que significa los orificios de la nariz se quemaron, y cuando Dios apacigua su ira, la Torá se refiere a “Erej Apaim”, que significa su nariz se alargó. Por lo tanto, la nariz está íntimamente contactada con la Ira y por ende la virtud de la paz es clave para amainar esa ira (por eso cuando uno está furioso y quiere calmarse, lo hacemos intentando respirar profundo y hondo por la nariz).
El último aspecto que quiero resaltar, es que el olfato está relacionado con nuestro impulso sexual. Físicamente el olfato está asociado al lóbulo límbico del cerebro, responsable de la unión entre nuestras emociones y nuestros sentimientos. Dado que el impulso sexual es una de las pasiones más fuertes del ser humano, que impacta tanto en sus emociones como en sus sentimientos, entonces la nariz y el impulso sexual se relacionan. Pero hablando espiritualmente, la nariz separa lo puro de lo impuro, aísla las chispas de luz para que ingresen a nuestro cuerpo y por lo tanto, separar la pureza de la impureza en la sexualidad nos ayuda a mantenernos más puros y elevados. La humanidad, inconscientemente ha relacionado la sexualidad con la nariz, es cosa de poner en google “nariz y sexo” y aparecerán infinitos artículos relacionados al tema, pero realmente no hemos alcanzado a ver la subyacente relación espiritual que es la de purificar la sexualidad.
Conclusión…
Dios nos habla a través de todo lo que nos da, lo bueno y lo que vemos como malo, pero si miramos a través de los lentes espirituales, veremos que el COVID no es más que un mensajero que nos quiere decir a gritos algunas de las cosas que debemos cambiar. A través de hacernos perder el olfato (sentido que siempre se mantuvo puro en el jardín del Eden), este virus nos dice que debemos restaurar la paz, restaurar la pureza de la energía más poderosa del Universo – la sexualidad, y quizás la más importante, restaurar la conexión con Dios a través de la plegaria.
Shabbat Shalom
