En una reflexión anterior mencioné cómo el coronavirus atacaba a uno de los 5 sentidos que se había mantenido “santo” durante el pecado original (el olfato), lo que significaba la importancia de nuestra pureza espiritual.
Hoy quiero hacer una reflexión sobre otro de los 5 sentidos que es el gusto. Pero no me quiero referir a los sabores, sino que quiero hablar de la lengua como el órgano que no sólo nos hacer percibir estos sabores, sino que además nos hace “hablar”.
La boca y en particular la lengua, cumplen una función espiritual clave en la vida de los seres humanos. Con la boca/lengua creamos realidades. Tal como la mujer crea una vida, la lengua es capaz de crear una realidad completamente nueva, incluso con lo que comemos (sino pregúntenle al que se comió al murciélago acerca de la nueva realidad que creó).
Por eso es tan importante primero purificar lo que sale y entra de nuestra boca, ya que de esa forma la realidad que creamos será también pura.
Y aquí un primer secreto que hace un nexo entre el olfato y la lengua.
¿Qué hacemos por lo general antes de comer algo?
Correcto!.. primero necesitamos olerlo, si huele bien comemos, pero si huele mal no lo comemos.
Cómo el olfato es el único sentido que se mantuvo puro en el pecado original, entonces lo anterior traducido al cuerpo espiritual sería; antes de crear una realidad (hablar/comer) debo primero purificarlo (olerlo). Si huele bien lo creo, pero si huele mal, mejor callar.
Entonces, si tuviéramos que preguntarnos ¿cuál de los 4 sentidos restantes habrá sido el responsable de este ataque al olfato?. Sería lógico pensar que fue la boca/lengua/gusto.
Respecto a lo que entró a la boca es obvio, en la Torah está indicado que el murciélago es un animal impuro y que no debe comerse (No es parte de esta reflexión entender los secretos de la pureza o impureza de los animales, no se vayan a creer que Dios es tan malo como para condenar a la impureza a ciertos seres vivos solo por antojo, todo tiene explicaciones y quedará esa explicación para otra oportunidad).
Respecto a lo que sale de la boca, es quizás el aspecto más importante al que me quiero referir y del cual también quiero revelar un par de secretos magníficos de la Torah.
Hay una historia muy doméstica ocurrida en el desierto cuando Moisés guiaba al pueblo de Israel a la tierra prometida.
Todo ocurrió cuando los hermanos de Moisés, Miryam y Aharón hablaron mal de Moisés y de su esposa Tziphora por su relación tan distante.
Algunos sabios indican que hablaron de ella cómo menospreciándola por su color negro, otros explican que “hablaron” de Moisés por dejarla muy abandonada producto de todo el trabajo que tenía que hacer guiando al pueblo. El hecho es que ambos (Miryam y Aharon) usaron su boca/lengua para sacar palabras de chismes en contra de su hermano y su esposa.
¡Lo que viene posterior en el relato es algo que parece de película! Dios obviamente se da cuenta de lo que ambos hicieron y Se enfurece, manda a llamar a los 3 (incluido a Moisés) a la tienda del encuentro y les dice que esperen ahí. Dios baja en una llama de fuego, se posa frente a la tienda y los regaña, sí – tal cual – los regaña muy enojado y les deja claro que Moisés es el mayor profeta de la historia y que es inaceptable que hayan hablado mal de él y su esposa. Una vez finalizado el “sermón”, Dios desaparece y Miryam (quien había iniciado todo el chisme) aparece con lepra (la enfermedad de la impureza). Es decir, Dios “castiga” a Miryam dejándola impura.
Lo que viene ahora, que es el desenlace de este evento, nos revelará el gran secreto que la Torah nos tiene escondido.
Aharón habla con Moisés, le pide perdón y le ruega que interceda ante Dios para que cure a su hermana por el mal que habían cometido.
Moisés con su completa humildad habló con Dios y exclamó una de las plegarias más concisas pero poderosas existentes: “Señor por favor, sánala por favor!”.
Dios escucha la plegaria de Moisés y le dice algo sorprendente; “Si tu padre la salivara en la cara (se refiere a que la reprendiera gritándole y le saltaran gotas de saliva en la cara), ¿acaso ella no tendría que estar 7 días recluida?. Con esto que dijo Dios, no quedó más remedio que enviar a “cuarentena” a Miryam fuera del campamento por, según los sabios el doble de tiempo por ser Dios el que los reprendió, o sea 14 días, y una vez transcurrido ese tiempo ella volvió completa y milagrosamente sana.
Veamos ahora los secretos de este evento que parece tan doméstico como lo es hacer un chisme, pero a nivel Dios.
El primer secreto está frente nuestros ojos y es como Dios, más de 3000 años atrás, ya nos anunciaba que el mal hablar se podría castigar recibiendo chispas de saliva en el rostro y obligándonos a recluirnos por varios días (tal como tenemos que hacer hoy). Esto para mi ya es wow.
Pero es aún más wow cuando nos vamos a los secretos más recónditos y podemos ver otra relación que nos reafirma que este evento podría haber sido la antesala, miles de años atrás, del Coronavirus.
Al analizar la breve plegaria que hizo Moisés a Dios vemos lo siguiente:
- “Dios Por favor, sánala por favor”
En hebreo se pronuncia así:
- El na refah na la
En hebreo se escribe así:
•אֵל נָא רְפָא נָא לָהּ.
Al tomar la sección que viene posterior a la coma, es decir: “sánala por favor”, tendríamos:
רְפָא נָא לָהּ.
El valor numérico de cada una de estas letras es:
200 80 1 50 1 30 5
La suma total es:
- 367
Al hacer el mismo análisis con la palabra “Corona” tenemos:
- “Corona”
•קורונה
- 100 6 200 6 50 5
- También suma 367
Mi conclusión respecto a la responsabilidad que tiene la boca/lengua hoy en esta pandemia, es que hemos olvidado oler (purificar) lo que entra y sale de nuestra boca. Comemos de forma egoísta, sin detenernos ni un minuto a agradecer por la abundancia en alimentos que nos ha acompañado desde nuestro nacimiento. Comemos de todo sin límites y sin siquiera preguntarnos si eso que comemos nos hace bien física y espiritualmente. Comemos en exceso y mal.
Por otro lado, hablamos con tanta ligereza de los defectos de los demás, somos tan rápido en la crítica y tan lentos en halagar al prójimo. Muchas veces somos tan hirientes, el bullying hoy es una moda en los niños, y los adultos hacemos lo mismo con un lenguaje más elegante y sofisticado. Podemos llegar a matar espiritualmente con nuestras palabras.
Uno de los mejores antídotos para erradicar el coronavirus de la humanidad es aprender a crear realidades más puras. Esforzarnos en ver lo bueno de los demás, bendecir cada cosa que vemos y comemos, alimentarnos de forma moderada y sana, proteger nuestro cuerpo porque es un templo y una vasija para nuestra alma.
Que Dios nos de la voluntad de purificar nuestra lengua y así debilitar esta plaga que más que un castigo es el tiempo que necesita nuestra alma, estando fuera del campamento, para volver milagrosamente sanos.
